SEMBLANZA HISTÓRICA DE COGECES DEL MONTE![]()
PREHISTORIA Y ÉPOCAS VACCEA Y ROMANA DE COGECES DEL MONTE
A la luz de la arqueología,
el término de Cogeces del Monte es morada del hombre desde hace
milenios, concretamente desde los tiempos del Paleolítico hasta
nuestros días.
Estimamos que el lote de hachas
de piedra tallada y de otros instrumentos líticos de trabajo recuperados
por el estudioso cogezano Julio Andrés Arranz en los predios del
municipio, evidencian ese pasado remoto de época paleolítica.
La obra arqueológica de Agapito
y Revilla reseña la existencia de hachas neolíticas o de
piedra pulimentada, como también cerámica incisa, y el murallón
defensivo ubicado en el castro de La Plaza o Pico de la Frente, fechados
en el Bronce Medio. Asimismo alude a fíbulas prerromanas.
Las informaciones de P. Churruca
registradas en la Carta Arqueológica de la provincia de Valladolid,
citan la muralla aludida, hojas de sílex lechoso y cerámicas
lisas e incisas del tipo Cogotas I, un gran túmulo rectangular y
túmulos circulares del tipo Cogotas II.
F. Wattenberg examinó varias
hachas neolíticas que le mostraron vecinos de la villa, recuperó
otras juntamente con cerámicas tipo Cogotas I y II, reconoció
las 17 hectáreas del castro del Pico de la Frente, algunos túmulos
empredados y la muralla defensiva de 150 metros de longitud por varios
de anchura.
La Carta Arqueológica de
España, correspondiente a la provincia de Valladolid, reitera el
enorme interés arqueológico de dicho castro y describe la
repetida muralla a la vez que "una construcción rectangular de grandes
piedras ordenadas, la cual podía constituir un puesto de guardia
y lugar de culto, hecho de interés excepcional para concretar unas
creencias en relación a esos poblados del Hierro I, Cogotas I o
de época váccea. dentro de la Segunda Edad de Hierro".
El yacimiento arqueológico
de La Plaza fue excavado en el año 1.986 por J. Rodriguez Marcos
con los resultados provisionales siguientes:
Que la muralla - desaparecida unos
años antes por el vandálico afán lucrativo que le
convirtió en cantera - había sido construida para servir
de baluarte defensivo al poblado contíguo en el periodo del Bronce
Medio, que los moradores del enclave tuvieron alguna dedicación
y economía agropecuarias a juzgar por los hallazgos de piezas de
hoz en sílex y de fragmentos cerámicos o "encellas" o queseras
para elaborar productos lácteos, y que la cerámica recuperada
es tanto lisa como incisa, elaborada a mano, con temas ornamentales de
líneas simples, espigas, retículas, zig-zag, etc., y pertenecientes
a cuecos, fuentes, orzas y ollas.
El Arquitecto Angel de Blas Llorente
y el autor del estudio del blasón descubrieron en el verano de 1.987
un molino barquiforme y abundantes fragmentos de cerámica celtibérica
y romana en las márgenes del arroyo Valcorba o base inferior de
la vertienete del Pico de la Frente.
También hemos constatado
el paso de Roma por el término de Cogeces del Monte en numerosas
monedas, entre las cuales había denarios de plata.
El término de Cogeces del
Monte, antiguo dominio del Estado Vácceo entre los siglos VI y I
antes de Jesucristo, proporcionaba dos clases de restos de cerámica
- elaborada y utilizada por dicha etnia - en laderas y zonas altas de los
valles trazados por los arroyos del Monicipio.
Dichos enclaves repiten, como siempre,
las condiciones ecológicas, estratégicas y económicas
de los poblados vácceos, es decir, agua abundante en sus inmediaciones;
tierras feraces para la obtención de productos hortícolas
y cosechas de cereales; extensos pastizales para sus rebaños de
ganado ovino, bayadas y numerosa caballería; leñas y maderas
en los montes cercanos. En el caso de Cogeces, disponían además
de carnes y pieles procedentes de la caza menor en la altiplanicie que
además les servía de refugio seguro en casos de razías
e invasiones.
A partir del año 72 antes
de Cristo, los romanos se adueñan definitivamente de Celtiberia
y se verifica la caida sistemática de la cuenca media del Duero,
se inicia la romanización de la misma y desaparece para siempre
el Pueblo Vácceo.
Los hallazgos de la cerámica
anteriormente aludida y de un número considerable de monedas romanas,
sobre todo denarios de plata, garantizan el paso de Roma por Cogeces hasta
la invasión de los bárbaros a comienzos del siglo V de nuestra
Era.
El término de Cogeces del
Monte estaba cruzado por la calzada romana que, procedente de Septimanca
(Simancas), comunicaba Porta Angusta (Portillo), Camporredondo, Aldealbar,
Cogeces, Langayo y Padilla de Duero con otro tramo de calzada que, también
desde Simancas se dirigía por Aconthia (Tudela de Duero) hasta encontrarse
con el anterior en Pesquera y continuar por Pintia (Las Altas Pinzas de
Castilla entre Curiel y Pesquera), a Rauda o Rauca (coca) y a la Capital
del Convento Jurídico Cluniense (hoy Coruña del Conde, provincia
de Burgos).
ÉPOCA VISIGÓTICA Y DE DOMINIO MUSULMÁN![]()
A comienzos del siglo V, los invasores
bárbaros irrumpieron en la Península a través de los
Montes Pirineos y barrieron el dominio romano de Hispania Antiqua.
Refiere el historiador Hidacio que
las tribus de los suevos, vándalos y alanos sembraron la desolación
y la muerte hasta la llegada de los visigodos.
A continuación, la Cuenca
del Duero formó parte del reino visigótico del monarca conquistador
y legislador Eurico.
Los musulamnes, luego de cruzar
el Estrecho de Gibraltar con un poderoso ejército al mando de Tárik,
gobernador de Tánger, derrotaron para siempre a la España
Visigótica y a su último rey Don Rodrigo en la batalla de
Guadalete, librada entre los días 19 y 26 de julio del 811.
Puede decirse que las huestes musulmanas
se adueñaron seguidamente de la Península sin mayor resistencia
y que permanecieron en la misma hasta la conquista de Granada por los Reyes
Católicos el año 1.492, es decir, casi ocho siglos.
La cuenca media del Duero y, por
tanto, el emplazamiento de Cogeces del Monte, pertenecieron de manera sucesiva
al Emirato de Córdoba, a la Kura o provincia de Toledo, al Califato
Cordobés y por último a Medinaceli donde murió cubierto
de heridas el gran caudillo árabe Almanzor en 1.002.
La Media Luna fue incapaz de dominar
de forma total o permanente la referida demarcación del Duero porque
sus tropas iniciaron la retirada de la misma al producirse las luchas civiles
entre árabes y bereberes (años 729-753), la intensificaron
durante las sequías desoladoras del 751 al 756, y la consolidaron
al realizarse las correrías de extermínio por parte del Rey
de la Reconquista Alfonso I, quien las extendió hasta Oporto y Viseo
entre los años 739 y 757.
Durante el reinado aludido de Alfonso
I, los cristianos del curso del Duero y sus inmediaciones aludidas, fueron
trasladados a tierras del Norte y asturianas, estableciéndose la
línea de operaciones o fronteriza de dicho río, también
denominada el yermo estratégico.
RECONQUISTA Y REPOBLACIÓN DEL VALLE MEDIO DEL DUERO![]()
La gran obra político-militar
de Alfonso III el Magno (años 866-909) fue dotar a la frontera constituida
por el curso del Duero, de una "cadena de fortalezas, torres, bastiones
y atalayas que se suceden desde Soria a Peñafiel y Simancas, unos
junto al río y otros a pequeñas distancias de éste",
formándose de esta manera el cinturón bélico que llegó
a quebrantar más tarde el poderío del Califato de Córdoba,
representado por Abderramán III y el caudillo Almanzor.
Fue entonces cuando nació
también Castilla como marca fortificada del reino Astur-Leonés.
Las tierras de aquel yermo estratégico
y de las comarcas abandonadas ante el peligro musulmán, pasaron
a convertirse en propiedad de la Corona. por esta razón, los pueblos,
villas y aldeas, tanto recreadas como surgidas de nuevo en dichos territorios,
durante la actividad replobadora de la Reconquista, recibieron la denominación
de realengos.
Durante los reinados de Ordoño
I (850- 866) y de su hijo, el citado Alfonso III el Magno, se replobaron
Cea (875), Sahagún(880), Coimbra (881), Burgos (884), Castrogeriz
(884), Zamora (893), Toro (900). Asimismo se construyeron los célebres
monasterios de Sahagún (872), de Cardeña (899), de Dueñas
(893) y de San Miguel de la Escalada. También se incorporaron a
los dominios de dicho monarca las zonas de Chaves, Braga y Oporto, además
de ser replobadas Lamego, Viseo, Eminio y Coimbra.
La venerable Crónica de Sampiro
añade a propósito de la repoblación aludida del Rey
Alfonso III:
"...sub Era D.CCCC.XXX.VII urbes
desertas populari jussit. Hae sunt Cemora, Septimancas et Donnas vel omnes
Campi Gothorum. Taurum namque dedit ad populandum filio suo Garseano...".
Dicho texto nos merece la traducción
siguiente:
...en el año 879 (el Rey
Alfonso III) ordenó repoblar las ciudades que permanecían
desiertas hacía tiempo, a saber: Zamora, Simancas y Dueñas,
como también la Tierra de Campos (los antiguos Campos Góticos),
pero confió la replobación de Toro a su hijo García...
Desde finales del siglo IX hasta
el segundo tercio de la centuria siguiente, se habían repoblado
varios enclaves estratégicos de la altiplanicie situada entre Peñafiel,
Cogeces, Minguela, Torrescárcela, Montemayor, La Parrilla, Tudela,
Portillo, Olmedo, Iscar y Cuéllar.
Algunos enclaves de los citados
ya poseían entonces sendos núcleos de población y
sus respectivas fortalezas. Es testimonio de lo mismo el hecho de que Abderramán
III, luego de cruzar la Cordillera Central en el verano del año
939, llegó a Olmedo el 25 de julio. durante dos días saquearon
y arrasaron la población y sus campos. Lo mismo hicieron con Iscar,
sus mieses y su caserío. "desde allí marchaban a Alcazarén
donde talaron sus panes, trastocaron sus mojones y borraron sus vestigios".
Los habitantes de dichas poblaciones, como los de la paramera citada y
de toda la zona del Sur del Duero, habían abandonado sus pueblos
y hogares ante un casi seguro extermínio. El 2 de Agosto se estableció
el ejército musulmán en Portillo y respetó su castillo
y moradas. Desde allí se dirigió a Simancas, donde el Califa
y sus huestes fueron derrotadas el día 9 de agosto y emprendieron
la retirada a Al-Andalus.
La derrota de Abderramán
III tuvo eco a nivel europeo, afianzó la replobación de los
páramos repetidos donde se afincan Cogeces y otros núcleos
de población, impulsó la reconstrucción de las localidades
destruidas y también la actividad replobadora de Ramiro II (931-951)
que se hizo extensiva a la comarca del Tormes, Ledesma, Ribas, Los Baños,
Alhanega, Peña Alcuend y Salamanca.
Las citadas tierras meridionales
del curso del Duero renacieron y prosperaron durante los cuarenta años
transcurridos entre la célebre victoria de Ramiro II y la irrupción
violenta de la espada fulgurante de Almanzor en la escena político-militar
del último tercio del siglo X.
Aquel caudillo realizó 25
campañas entre los años 977 y 987 las cuales lograron el
abandono, aniquilamiento y la desolación de numerosas poblaciones
del territorio aludido, ya que su manera de proceder era generalmente
así:
en el 981 asaltó y saqueó
Zamora y, después de degollar a cuatro mil cristianos, se llevó
prisioneras a otros millares de personas;
en su asalto a León, arrasó
la ciudad y sólo quedó en pie una torre para que pudiera
decirse que allí había existido aquella población;
en el año 983 tomó
Simancas, pasó a cuchillo a sus defensores y trasladó los
supervivientes a Córdoba para obtener el mejor rescate por su libertad.
Reiteramos que dichos acontecimientos
fueron el mayor azote para las armas cristianas a la Reconquista, pues
concluyeron de momento con ésta y la reploblación, y despoblaron
sobremanera el territorio situado al otro lado del Duero y que pronto comenzó
a denominarse Extremadura, la cual limitará al Norte, con Castilla;
al Este, con el reino de Aragón; al Sur, con Toledo, y al Oeste,
con el reino de León.
La muerte de Almanzor en Medinaceli
(Soria) el año 1.002, el epílogo desastroso que los hijos
de éste pusieron a la dictadura paterna, la desaparición
del Califato Cordobés y de su máxima autoridad, el Califa
Hixem III en 1030, y la conquista de Toledo por el Rey Alfonso VI el año
1085, hicieron desaparecer el azote musulmán de la Submeseta Norte,
trasladaron la frontera del Duero a la Cuenca del Tajo, e impulsaron el
resurgir espléndido de la Extremadura Castellana y, por tanto de
las tierras de Peñafiel y de Cuéllar a la que permaneció
ligada Cogeces del Monte durante siglos.
LA SEGUNDA REPOBLACIÓN DE LAS TIERRAS DE CUELLAR![]()
LA ARMEDILLA DE COGECES DEL MONTE
Una segunda repoblación de
la Tierra de Cuéllar - perteneciente a la Extremadura Castellana
- esta vez llevada a efecto por el Conde Pedro Ansúrez, tuvo lugar
antes de que el monarca Alfonso VI reconquistara Toledo en el año
1085.
Parece seguro que, por aquel entonces,
ya existía una ermita con la advocación de Nuestra Señora
de la Armedilla - inmediaciones de Cogeces del Monte - y que muy pronto
adquirió un gran renombre.
La tradición, los documentos
medievales y la bibliografía histórico-artística dan
testimonio de que, en el paraje y la "antigua Cueva" de la Armedilla, los
pueblos limítrofes y comarcanos veneraban desde hacía tiempo
una efigie de Santa María con el sobrenombre del topónimo
referido.
La devoción de toda la comarca
y, en especial, la piedad honda y sentida de los cuellaranos a dicha imagen,
originaron la ampliación de la Cueva en la roca viva y la construcción
exterior de aposentos para acoger a cuantos visitaban la "milagrosa imagen"
en su "gruta-santuario".
Las aldeas de la "Comunidad de Villa
y Tierra de Cuéllar" ya formaban parte de la nueva diócesis
de Segovia creada por el Pontífice Calixto II en 1123.
La importancia creciente de la Armedilla
fue originando una gran afluencia de fieles que requería mayores
atenciones. De esta suerte, el Concejo de Cuéllar confió
dichos cuidados, en 1141, a la Orden Cisterciense radicada en Sacramenia.
Poco más tarde, el año 1147, el Abad Don Raimundo de dicha
Orden recibía la donación del lugar de Nuestra Señora
de la Armedilla y algunos predios limítrofes en la demarcación
de Cogeces del Monte.
Dada la trascendencia de la Armedilla
en el pasado de Cogeces, seguimos el relato del historiador Sigüenza
a propósito de lo mismo:
"...Los de la villa de Cuéllar,
que son vecinos, viendo el mucho concurso de gentes que allí acudía
y lo que la santa imagen era respetada por las muchas maravillas que el
Señor obraba en ella, como pueblo rico y noble edificaron unos aposentos
de buena proporción y traza para que los que iban a visitar la santa
imagen tuviesen donde guarecerse; ofrecían allí los devotos
muchas limosnas. Acordaron los de la villa que no estuviera aquello sin
dueño, sino que lo pusiesen en manos de gente religiosa. Con esta
consideración santa rogaron al abad y monjes de la Orden de San
Bernardo que estaban allí cerca en el monasterio de Sacramenia,
que se encargasen deste santuario. Recibiéronlo y hicieron donación
y entrega de todo, como parece por la carta escrita en pergamino y lengua
latina, era mil y ciento y ochenta y cinco [año 1147]. El abad se
llamaba Raimundo, junto con la donación de hermita se señalaban
términos de heredad, y pone por menudo las mojoneras".
El historiador segoviano Velasco
Bayón aporta el documento latino de dicha donación que dice
así:
"...voluntate spontanea nemine cogente,
per Dei amorem per nostrorum parentumque nostrorum salutem concedimus lucum
illum sante Marie de Armediella domino Raimundo eiusdem loci abbat que
etiam est abs sante Marie et santi Joannis de Sacramenia ceterisque fratibus
in eodem loco sub ordine santi Benedicti in posterum mansuris et modo manentibus."
Dicho texto latino nos merece la
traducción siguiente a nuestro romance:
Con absoluta libertad y sin coacción
de nadie, por amor de Dios y para salvación propia y de nuestros
mayores, donamos el lugar de Santa María de la Armedilla a don Raimundo
su abad, que también lo es de Santa María y San Juan de Sacramenia,
y a los demás hermanos acogidos y que han de pertenecer a la Orden
de San Benito en este lugar.
A continuación, varios monjes
atendían la Armedilla promocionando la religiosidad y la devoción
mariana en la Comarca. Al mismo tiempo construían - de acuerdo con
las normas y el estilo cisterciense - su templo, casa, claustro y cripta
de la "Cueva" donde se hallaba la imagen tan venerada de la Virgen.
Dichas construcciones, de finales
del siglo XII y comienzos de la centuria XIII, se carazterizaban por su
austeridad, predominio de la robustez sobre los vanos y sólidos
estribos para contrarrestar los empujes correspondientes.
Su templo de tres naves, separadas
por columnas cruciformes, cubiertas con bóvedas de medio cañón,
de cuarto de esfera y de crucería, estaba presidida por la típica
espadañadel Císter. Estaba provisto asimismo de gran sobriedad
ornamental en sus portadas, arcos formeros y fajones, en sus arcos de medio
punto románicos y apuntados góticos, en sus ménsulas,
canecillos, capiteles, etc..
Las virtudes y observancia rigurosa
de aquellos monjes acrecentaron el renombre de la Armedilla y la visita
frecuente al Monasterio de numerosos almas y de los pueblos comarcanos,
principalmente de las Comunidades de Villa y Tierra de Cuéllar,
Peñafiel, Portillo, etc.
A propósito de lo mismo aparece
documentado el hecho de que el Concejo de Cuéllar tenía establecido
el llamado "Voto de la Villa". Consistía en una procesión
anual de su vecindario - asistido de su propio cabildo sacerdotal - desde
el repetido Monasterio hasta Cuéllar.
Los acontecimientos señalados
proporcionaron días de esplendor a la Armedilla y, por tanto, a
Cogeces del Monte aldea frecuentada constantemente por la piedad de Castilla.
Los monjes del Monasterio dedicaban
constantemente sufragios por las almas de los difuntos, socorrían
a los menesterosos, desvalidos y peregrinos, recibían mandas de
los fieles y acogían al vecindario de las aldeas comarcanas y a
cuantas personas llegaban para asistir a los cultos y en busca de paz o
consuelos.
A pesar de las actividades y afluencia
referidas, resultó que los monjes del Cister se ausentaron de la
Armedilla en el último tercio del siglo XIV por motivos que nos
son desconocidos.
Fue entonces cuando los cofrades
cuellaranos de Nuestra Señora de la Armedilla se encargaron del
Monasterio, cuyos cultos, imagen y custodia pasó a depender de un
ermitaño o santero.
Poco tiempo después, el Infante
Don Fernando de Antequera, hijo del Rey Juan I de Castilla, dio los pasos
necesarios para hacer entrega de la Armedilla a los frailes de La Mejorada
de Olmedo.
LA ORDEN DE SAN JERONIMO EN LA ARMEDILLA![]()
En febrero de 1402, el Concejo cuellarano
- de acuerdo con el Infante que poseía el señorío
de Cuéllar y el Patronazgo de la Armedilla - entregó aquellas
construcciones a la Orden de San Jerónimo, que se hallaba establecida
en La Mejorada de Olmedo, para que las convirtiera en su Monasterio.
El 2 de mayo de 1402, Fray Pascual
de Pineda en calidad de Prior, otros cinco monjes jerónimos y cinco
donados concedidos por D. Fernando, fundaron la nueva Comunidad de Nuestra
Señora de la Armedilla.
Seguidamente los jerónimos
derribaron el cenobio que levantaran los cistercienses y construyeron su
nuevo monasterio en el mismo solar. La obra concluyó a mediados
del siglo XV y fue realizada de acuerdo con los esplendores del estilo
renacentista y las últimas aportaciones del gótico.
La construcción, que recibió
el patrocinio incondicional y la mayor largueza de los duques de Alburquerque,
e importantes donaciones de los fieles, debió reunir las calidades
artísticas del buen hacer de sus maestros como Hanequín,
hijo del célebre arquitecto gótico Hanequín de Bruselas,
etc.
Entonces las circunstancias y la
Comunnidad de la Armedilla se hacían eco en todo el ámbito
castellano por algunos datos como los siguientes:
La intensa vida religiosa de los
monjes y su gran dedicación al apostolado; concesiones como la de
ocho donados al monasterio por parte del Infante don Fernando; la estancia
frecuente de los duques en la Armedilla donde Beltrán de la Cueva
firmó su testamento; la administración, por parte de la Comunidad,
del Hospital de la Magdalena y del Estudio de Gramática de Cuéllar
antes de que su fundador, el Arcediano de dicha villa, profesara como fraile
jerónimo en Guadalupe y se trasladara luego a la Armedilla (1.437);
el hecho de que algunas personalidades de relieve ingresaran en el monasterio
en calidad de hermanos, como Fernán Velázquez, Consejero
del Rey Juan II y uno de los firmantes de la sentencia de muerte de Don
Alvaro de Luna en 1.453, etc.
El Condestable de Castilla Don Alvaro
de Luna, había confiado parte de su fortuna a la custodia segura
de los monjes de la Armedilla. Por este motivo la confiscación inmediata
de los bienes de D. Alvaro, decretada por el Rey Juan II, llegó
al monasterio donde la codicia lamentable del Monarca halló más
de nueve mil doblas de oro.
A mediados del siglo XVIII, las
Respuestas Generales del Interrogatorio de la Ensenada registran treinta
frailes jerónimos en la Armedilla.
Después de unos siglos de
esplendor, que enaltecieron a Cogeces del Monte, llegaron los días
de la decadencia y el ocaso de la Comunidad y el monasterio a comienzos
del siglo XIX.
La incuria de los hombres, las carretas
del tiempo y la piqueta demoledora del patrimonio artístico y monumental
que fue la Desamortización, no sólo convirtieron aquella
casa religiosa en el montón de ruinas informes y desoladas que han
llegado a nuestros días, sinó también, a veces, en
cantera de común aprovechamiento.
Aún resaltan sobre dicha
escombrera muñones de muros resquebrajados, pequeños fragmentos
de bóvedas y de nervios de éstas, ménsulas, algún
vano con arco de medio punto y, destacándose sobre todo lo referido,
el gran vestigio de la Armedilla, es decir, su espadaña firme y
esbelta que, coronada por la cruz, se destaca en la paramera y prerside
tanta desolación, un capítulo brillante de la Historia de
Cogeces del Monte y, una vez más la caducidad de las cosas.
En la primavera de 1.989, el Ayuntamiento de Cogeces del Monte, de acuerdo con la Villa, declaró día de fiesta el 19 de agosto de los años sucesivos con el fín de que el vecindario acuda en romería al antiguo monasterio para rememorar su legado sociocultural e histórico, dar los pasos precisos para la consolidación de lo más noble de sus ruinas y honrar a Nuestra Señora de la Armedilla.
UNA JOYA DOCUMENTAL SOBRE COGECES DEL MONTE![]()
Las villas de Peñafiel y
Cuéllar, más sus aldeas respectivas, litigaban constantemente
disputándose el aprovechamiento de tierras, aguas, pastos y montes
de sus límites comunale.
El Infante Don Fernando de Antequera
determinó erradicar de las poblaciones de su Señorío
aquellas circunstancias lamentables que sólo ocasionaban "...contiendas
e peleas e muertes e prendas e daños que resçibían
de cada día sobre los dichos términos...".
Por las razones y finalidad aludidas,
el Infante nombró al juez Sancho Ferrández de Medina del
Campo para que trazase el amojonamiento común y definitivo entre
los concejos de ambas villas y de acuerdo con las mismas.
"E después desto, en Coxeces
del Monte, aldea de Cuéllar, lunes, nueve días del dicho
mes, era sobredicha (se trata del 9 de enero de 1402), antel dicho juez
paresçieron las dichas partes por los dichos sus procuradores e
començaron a tratar en el dicho negocio".
El amojonamiento se realizó
entre la fecha citada y el 17 de febrero del mismo año en que el
juez, los escribanos públicos de las dos villas y los testigos de
la operación realizada, firmaron el documento correspondiente. Sin
embargo, los procuradorers de Cuéllar, en desacuerdo con el trazado
de límites comunales, recurrieron el amojonamiento ante el Infante
don Fernando quién confirmó el trabajo del juez Sancho Ferrández.
En los años 1.430 y 1.439,
el Rey Don Juan de Navarra juró no apartar de Cuéllar varios
lugares, entre ellos Cogeces del Monte, por locual dicho señor de
Cuéllar recibió en ambas ocasiones la cantidad de 400.000
maravedís.
Resulta obligado decir que la joya
documental consultada abunda en datos sobre el término de Cogeces
del monte y de los pueblos limítrofes. Es propiedad del antiguo
Concejo de Cuéllar y tiene el mayor interés para las que
fueron aldeas de la llamada Comunidad de Villa y Tierra de Cuéllar.
El texto original se custodia en
Cuéllar y en su archivo de la Comunidad está registrado con
el número 6 y una copia del mismo con el número 15.
ALGUNOS SEÑORES DE COGECES DEL MONTE ENTRE LOS AÑOS 1390 Y 1811![]()
Entre las personalidades que ostentaron
el Señorío de Cuéllar y que fueron, por tanto señores
de Cogeces del Monte figuran los siguientes:
1º.- El
infante Don Fernando de Antequera por concesión de su padre, el
Rey Juan I de Castilla, en 1.390. Don Fernando continuó siendo titular
del Señorío, hasta el año 1.416.
2º.- El
Infante Don Juan, hijo y heredero del anterior, a partir del año
1.416 y siendo más tarde Rey de Navarra entre 1.425 y 1.430.
3º.- El
Conde Luna Don Fadrique desde 1.430 a 1.433.
4º.- Doña
Violante, hermana del citado Conde Don Fadrique, en el año 1.433.
5º.- El
Condestable de Castilla Don Alvaro de Luna desde el año 1.433 al
1.439.
6º.- El
Ray de Navarra Don Juan, ya citado anteriormente, entre los años
1.439 y 1.444.
7º.- De
nuevo Don Alvaro de Luna a partir de 1.444 hasta su muerte trágica
en el cadalso de Valladolid el año 1.453.
8º.- La
Infanta Doña Isabel, la futura Reina Católica, por testamento
de su padre el Rey Juan II de Castilla, durante los años 1.453 al
1.492.
9º.- Don
Beltrán de la Cueva, Primer Duque de Alburquerque, del año
1.464 al1.492 (*).
10º.- Don Francisco
Fernández de la Cueva, II Duque de Alburquerque, desde 1.492 hasta
su fallecimiento en 1.526.
11º.- Don
Beltrán de la Cueva, III Duque de Alburquerque, entre los años
1.526 y 1.560.
12º.- Don
Francisco Fernández de la Cueva, IV Duque de Alburquerque y Marqués
de Cuéllar, desde 1.560 a 1.563.
13º.- Don
Gabriel Fernández de la Cueva, V Duque de Alburquerque, desde el
año 1.563 a 1.571.
14º.- Don
Diego de la Cueva y Toledo, VI Duque de Alburquerque, entre los años
1.571 y ---.
15º.- Don
Francisco Fernández de la Cueva, VII Duque de Alburquerque, desde
el año --- hasta su muerte en 1.637.
16º.- Don
Francisco Fernández de la Cueva y Enríquez, VIII Duque de
Alburquerque, que fue virrey del Perú, Méjico y Sicilia.
A continuación se extingue
la rama masculina de los Duques, pero los sucesores siguieron ostentando
los títulos de Alburquerque, de Marqueses de Cuéllar y del
patronato de Nuestra Señora de la Armedilla en Cogeces del Monte;
percibiendo las alcabalas y otros impuestos del vecindario cogezano; nombrado
los sacerdotes de su iglesia pqrroquial y obteniendo de manera no interrumpida
la confirmación del Señorío de Cuéllar y sus
aldeas hasta su abolición definitiva en las cortes de Cádiz
de 1.811 que suprimía mercedes, privilegios y señoríos.
En la primera década del
siglo XIX, el XIV Duque de Alberquerque, llamado Don Jose María,
fue el último titular del Señorío de Cuéllar
y sus aldeas. Este "Grande de España" se distiguió luchando
contra los franceses durante la guerra de la Independencia en las batallas
de Medellín, Ocaña y defensa de Cádiz a cuya Junta
histórica perteneció y, luego de ser nombrado embajador de
Inglaterra, murió el 18 de febrero de 1.811. El título de
Alburquerque pasó en el siglo XIX a la casa de Alcañices.
COGECES DEL MONTE Y LA COMUNIDAD DE VILLA Y TIERRA DE CUÉLLAR. EL SEXMO DE VALCORBA![]()
La primera repoblación de
Cuéllar, como la de Peñafiel, fue realizada por los Asur
Fernández, Condes de Monzón, antes del año 940.
Su segunda y definitiva repoblación
tuvo lugar treinta años después de la campaña de Almanzor
sobre Cuéllar el 977, concretamente al cesar las hostilidades del
hijo y heredero de éste, Abdal-Malik, en el año 1008.
Un testimonio árabe de la
incursión de Almanzor dice así:
"Hizo Muhammad ibn ibi 'Amir la
campaña de Cuéllar. Fue una aceifa de una penetración
(partió) de la musalla el miéroles 1 del mes se sawwal
del referido año 366 (23 de mayo del 977), que correspondió
al 23 de mayo. Regresó el marte 6 de u-l-quda del mismo año
(26 de junio del 977), al cabo de 35 días".
El historiador árabe del
siglo XIII Lucas de Tuy alude a la segunda repoblación de Cuéllar
en el reinado de Alfonso VI, con estas expresiones:
"Populavit etiam Rex Adefonsus totam
Strematurum et totam Castellam et civitates et villas quarum nomina haec
sunt, id est, Salmantica, Abula, Coca, Olmedo, Medina, Secobia, Iscar el
Colar".
Damos la siguiente traducción
al texto referido:
"El Rey Alfonso pobló asimismo
toda Extremadura y toda Castilla más las ciudades y villas denominadas:
Salamanca, Avila, Coca, Olmedo, Medina, Segovia, Iscar y Cuéllar".
Con la desparición del Califato
Cordobés, Cuéllar comienza a definirse como el eje de un
territorio realengo que recibe, en el siglo XII, la denominación
de Comunidad de Villa y Tierra de Cuéllar sin tener que depender
de noble alguno, con plena autonomía propia y únicamente
relacionada con la Corona, cuyo representante velaba exclusivamente por
los intereses fiscales del Rey.
Muy pronto Cuéllar y sus
numerosas aldeas se vieron rodeadas por las Comunidades de Villa y Tierra
de Peñafiel, Fuentidueña, Sepúlveda, Pedraza, Segovia,
Coca, Olmedo, Iscar y Portillo.
El número de comunidades
de Villa y Tierra se incrementó, con los avances de la Reconquista,
hasta lograr la cifra de 42.
Desde finales del siglo XIV, la
comunidad de villa y tierra sólo conserva su denominación
y pierde la citada autonomía por haberse convertido, hasta el año
1.811, en el Señorío de los nobles que figuran en la relación
precedente.
La Comunidad primero y después
el Señorío, comprendía la Villa de Cuéllar
y 91 aldeas, de las cuales perduran 41 habiéndose despoblado las
restantes al paso de los siglos.
Su territorio, con una extensión
superficial de 1.203,81 kilómetros cuadrados, perteneció
a la provincia de Segovia hasta el año 1.833 y estaba dividido en
los 6 sexmos cuyos nombres eran: Cuéllar, Hontalvilla, La Mata,
Montemayor, Navalmanzano y Valcorba.
El Sexmo de Valcorba comprendía
varios núcleos de población actuales, en cuyos términos
figuran los despoblados que se reseñan entre paréntesis,
es decir:
| COGECES DEL MONTE | (Casares de Rey, La Perra, El Suso) |
| ALDEALBAR | (Muriel) |
| BAHABON | (Minguela, que fué aldea histórica) |
| CAMPASPERO | (Patarrabona) |
| SANTIBAÑEZ DE VALCORBA | (Valimón) |
| TORRESCÁRCELA | (Hontalvilla del Monte, Piquera) |
EL ESCUDO HERÁLDICO DE COGECES DEL MONTE![]()
EL ESCUDO DE ARMAS DE COGECES DEL MONTE

La zona superior del escudo ostenta,
sobre campo de gules (rojo), una réplica de la enhiesta torre-espadaña
que, durante siglos coronó el templo y Monasterio de Nuestra Señora
de la Armedilla en Cogeces del Monte.
Dicha espadaña-campanario
es de metal plata (plata es el blanco de las armerías), mazonada
de sable (mazonado , se dice de las hileras de piedras en edificios. Sable
es el color negro de los blasones), posee ornamentación de caulículos
y está rematada por la Cruz. Asimismo posee tres vanos, cuyos arcos
son de medio punto y están aclarados de gules, a la vez que desprovistos
de címbalos.
Dos espigas de cereal, granadas
y de espesas argayas, recortadas y de metal oro (amarillo en heráldica),
flanquean la torre-espadaña y los vestigios del Monasterio sobre
el campo de gules aludido.
El Ayuntamiento de la villa adopta,
con justos títulos, dichos motivos heráldicos porque los
grandes valores religiosos y socioculturales del Monasterio promocionaron
a Cogeces del Monte desde el siglo XII hasta el primer cuarto del siglo
XIX y porque dichas espigas evocan la dedicación cerealística
del término en el devenir de milenios, según testimonios
de la Arqueología.
La zona inferior del blasón
heráldico ofrece, sobre su campo de oro, dos pinos frondosos, en
pal (colocados verticalmente), plantados, recortados (es decir, que sus
bordes no tocan los extremos del escudo) y de color sinople (verde en los
escudos de armas).
El Ayuntamiento de Cogeces del Monte
incluye dichas piezas heráldicas en su blasón porque representan
la actual riqueza forestal y los montes habidos en el término al
paso de los siglos, y porque aluden a la Comarca y Tierra de Pinares a
la cual pertenece Cogeces del Monte.
El timbre de Armas de Cogeces del
monte es la Corona de los Reyes de España.
Se trata de una corona cerrada en
la parte superior por su tejido púrpura (violeta). Consta de cintillo
de oro, guarnecido de piedras preciosas, y realzado por ocho florones labrados
del mismo metal y a manera de hojas de apio, cuyos centros aparecen guarnecidos
de rubíes. De dichas hojas nacen sendas diademas de perlas que,
cerrándose en lo alto, se unen a un pequeño globo rematado
por la Cruz de forma trebolada y ambos de oro.
El Ayuntamiento de Cogeces del monte
adopta como timbre la Corona Real por haber sido un enclave realengo de
los Reyes de la Reconquista entre los siglos X y XII; porque fue seguidamente,
hasta finales del siglo XVI, aldea realenga de la Comunidad de Villa y
Tierra de Cuéllar, y porque, después de haber pertenecido
al Concejo de Cuéllar y al Señorío de los Duques de
Alburquerque desde dicha centuria XIV hasta el año 1.811, se convirtió
en Villa Realenga y Municipio exento al realizarse la actual división
de provincias en 1.833.
EL AYUNTAMIENTO![]()
El pleno de este Ayuntamiento, en
sesión plenaria celebrada el día 23 de Febrero de 1.990 acordó
por unanimidad aprobar el Escudo Heráldico de Cogeces del Monte
elaborado por el profesor Don Lucio Zúmel Menocal.
El propio Escudo y su estudio Histórico,
reflejan los hechos más representativos de la Villa.
La finalidad del presente Escudo
de Armas es hacer permanentes, emular y enaltecer los valores, y el gran
legado de nuestros mayores.
Ahora se realiza la presente publicación,
con el fín de dar a conocer a todo el vecindario la Historia y el
Escudo de Armas de nuestro Municipio.
EL AYUNTAMIENTO
CONCLUSIÓN![]()
Idea Sucinta Del Blasón Del Municipio
El Blasón de Cogeces del
Monte es un escudo español, timbrado de la Corona Real y de forma
rectangular a la vez que acorazonada en su base, guardando sus medidas
la relación de cinco sextos.
Su campo es cortado, por lo que
aparece dividido en dos partes iguales mediante la línea horizontal
que une los centros de los flancos pasando por el corazón del escudo.
El espacio superior ostenta, sobre
campo de gules, una réplica de la torre-espadaña del que
fuera célebre Monasterio de nuestra Señora de la Armedilla,
la cual preside hoy las ruinas desoladas del mismo. Una Cruz trebolada
corona dicha espadaña-campanario, cuyos tres vanos de arcos de medio
punto carecen de címbalos y están aclarados de gules. La
espadaña es de plata y mazonada de sable.
Dos espigas de cereal recortadas
y de metal oro, flanquean la referida torre y los vestigios del Monasterio
sobre campo de gules.
El Ayuntamiento adoptadichos motivos
Heráldicos porque el Monasterio de la Armedilla promocionó
a Cogeces del Monte en los aspectos sociocultural y religioso desde el
siglo XII hasta su abandono en el segundo cuarto de la centuria del XIX.
Las espigas que flanquean dicha
arquitectura evocan la dedicación agraria y cerealística
de los predios del Municipio en el devenir de los milenios, según
confirmación de la Arqueología.
El espacio inferior muestra, en su
campo de oro, dos pinos frondosos, plantados, recortados y de color sinople.
Su metal oro representa los campos
de cereal y la agricultura practicada desde siempre en la paramera de Cogeces
del Monte.
El Ayuntamiento suma dichas piezas
heráldicas a las Armas de su Escudo porque simbolizan la riqueza
forestal de Cogeces del Monte al paso de los siglos, proporcionan el sobrenombre
de la Villa y significan también que ésta y su término
forman parte de la Tierra de Pinares.
Finalmente el Timbre del Blasón
es la Corona Real cerrada en su parte superior por la púrpura de
su tejido.
El cintillo de la Corona aparece
labrado en oro, guarnecido de pedrería y rubíes y realzado
por ocho florones a modo de hojas de apio y de otras plantas diademadas
de perlas que se unen en lo alto a una esfera de oro rematada por una cruz
trebolada del mismo metal.
El Ayuntamiento adopta la Corona
Real como timbre de su escudo por haber sido, a partir de la Reconquista,
enclave, aldea, lugar y villa realengos de España en Castilla la
Vieja, como se confirma en el estudio histórico presente.
